Etiquetas

, , , ,

El RESCATE DE LA VOCACION EN EL DOCENTE DE EDUCACIÓN PRIMARIA

*        Brenda Saiden

*        Guillermo Ojeda

*        Rafael Augusto García López

14/07/2012

Propuesta educativa que surge de la necesidad de fomentar los Valores moralmente aceptados en la familia, vista como la célula de la sociedad, que actualmente se ven transformados y dirigidos hacia el materialismo superficial cuya necesidad es hacer para ganar y tener mas; cumpliendo así, con lo actual (funcionar en un mundo altamente competitivo en el que: Él que tiene mas, es “mejor”); Esto obliga a la pareja (pilares de la perpetuación de nuestra especie) a descuidar a los hijos, ya que ambos (hombre y mujer = matrimonio), trabajan muchas horas y los descuidan en escuelas con actividades que fomentan el aislamiento al emplear las nuevas tecnologías (Internet y actividades electrónicas). Al mismo tiempo los educadores que están inmersos en esta realidad, se olvidan de lo trascendental que es educar al ser humano y abandonan o descuidan su vocación, si es que la tienen.

Concepto de Persona: El Ser humano por naturaleza, tiene la libertad y la voluntad  ontogénica para trascender y lo logra, a través de entender la realidad que lo rodea e implementar acciones que lo lleven a transmitirlo a los demás, en un acto de bondad ontológica que siempre busca la perfección.

Concepto de educación: Educación es un conjunto de acciones multidireccionales que tienen como fin en un individuo, adquirir y transmitir experiencias, conocimientos, costumbres, valores y formas de actuar a través de los sentimientos, actitudes, comportamientos y palabras verbales y o escritas con el fin de llegar a una “realidad individual” creativa y transformadora como obra original y única que mejore la “realidad colectiva” y lo  haga trascender.

De tal manera, la pedagogía, a través de la didáctica, ha proporcionado las herramientas y/o estrategias que faciliten su actuar  y se han diseñado muchos modelos a lo largo de la historia.

Aprovechando su educación “formal”, se pretende hacer conciencia en los educadores, para hacerlos despertar a si mismos en busca de su vocación (reafirmándola o descubriéndola), ofreciéndoles, enfrentarse a sus propios instintos y que descubran como han transformado su carácter en pro o en detrimento de los educandos,

Esta propuesta, invita a promover acciones concretas que logren renacer una voluntad natural apagada en el educador, que promueva su propia satisfacción, y descubra  las estrategias y métodos más adecuados vinculados a valores específicos para involucrar de manera “no formal”(*) a los padres de familia en el proceso educativo y juntos, ofrecer a los educandos la oportunidad de aprender, desarrollar y compartir de manera significativa y trascendente las habilidades cognitivas y emocionales  que la sociedad demanda. Pestalozzi (**)

(*) Existen tres tipos de educación: la formal, la no formal y la informal. La educación formal hace referencia a los ámbitos de las escuelas, institutos, universidades, módulos, mientras que la no formal se refiere a los cursos, academias, e instituciones, que no se rigen por un particular currículo de estudios, y la educación informal es aquella que fundamentalmente se recibe en los ámbitos sociales, pues es la educación que se adquiere progresivamente a lo largo de toda la vida.

(**) PESTALOZZI. (Enseñanza de moral y religión, que se debe de iniciar en la familia.

Considerar que las relaciones afectivas entre madre e hijo, condicionan a éste paulatinamente, a desarrollar sentimientos de bondad y amor.

Educación Social: la cual debe iniciarse en la familia y continuarse en la escuela)

1.-QUIEN:

Impartido por profesionistas de educación y pedagogía con especialidad en ciencias de la familia.

Enfocada a Maestros de Educación Primaria, interesados en  mejorar los resultados de su practica docente.

2.-PARA QUE: (OBJETIVOS)

Los participantes identificarán las nociones fundamentales de la vocación y los valores que se relacionan con la misma. (Cognitivo)

Utilizarán sus propias estrategias para mejorar los procesos de enseñanza aprendizaje relacionados con valores específicos que hayan descubierto necesarios en cuestión.  (Psicomotor)

Tomarán conciencia del valor de su vocación en la mejora de los procesos educativos en el aula. (Actitudinal)

Creara estrategias que potencialice  el PEA del educando en pro de su desarrollo individual y colectivo. (Actitudinal)

3.-CONTENIDOS:

A)     QUE ES LA VOCACION (2 HRS)

B)     LOS VALORES EN LA VOCACION (1 HR)

C)     INSTINTOS BASICOS (1 HR)

D)     DEFECTOS DE CARÁCTER (EL CARÁCTER AFECTA TU CUERPO) (2 HR)

E)      CONGRUENCIA DE VIDA  (2 HR)

F)     QUIEN SOY COMO DOCENTE, QUIEN SOY YO COMO DOCENTE EN MI FUNCION    .       (2 HRS)

G)     ESTRATEGIAS DOCENTES ACTITUDINALES (2 HR)

A)     VOCACIÓN:

 

El termino vocación ha tomado diversos significados en la cultura contemporánea, poniendo siempre en el centro, con diversas modalidades, a la persona. Pro vocación se entiende en primer lugar el “proyecto de vida” que elabora cada uno sobre la base de sus múltiples experiencias y en la confrontación con un sistema coherente de valores que dan sentido y dirección a la vida del individuo.

En el terreno religioso, vocación indica la llamada por parte de Dios, como iniciativa suya amorosa, y la respuesta de la persona en un dialogo amoroso de participación corresponsable. El problema de la vocación se presenta por tanto, como una realidad compleja. Para poder ser entendido completamente, debe considerarse por tanto desde un doble punto de vista: por parte de Dios y por parte del hombre. Vista desde la perspectiva de Dios, la vocación se presenta como la iniciativa de Dios que se da y que al darse llama. Por parte del hombre, la vocación es una invitación, una interpelación a la que hay que dar una respuesta.

Niveles y Dimensiones de la Vocación

Existen 3 niveles de Vocación

El hombre ha sido llamado a la existencia para trascender como persona en un dialogo propio de aceptación y de cooperación con todos los llamados a la existencia (vocación humana); así mismo, es convocado en un proyecto de crecimiento en el amor mediante el llamado a la fe en Cristo Jesús (vocación cristiana), y se expresa de forma concreta y específica por la participación en la misión y vida de la Iglesia, para construcción del Reino de Dios (vocación específica).

Primer Nivel: Vocación Humana
Cada hombre es un ser único e irrepetible, llamado por Dios a la existencia en un proceso de maduración que se descubre como persona, lleno de posibilidades y potencialidades, con limitaciones y necesidades. Este proceso se realiza en relación consigo mismo, con Dios, con los demás y el mundo que le rodea.

Segundo Nivel: Vocación Cristiana
El hombre llamado a la vida, descubre además un llamado a la fe, que es adentrarse a la aventura de un Dios que se le revela en su caminar. Por este segundo llamado descubre que Dios es Padre y que le llama por Jesucristo para ser su hijo en una vida de santidad.

Tercer Nivel: Vocación Cristiana Específica
El llamado a la fe implica una adhesión consciente a Cristo, ya que el encuentro con él transforma a la persona, de manera que el ser cristiano no puede darse de forma abstracta o etérea, sino que pide situarse en una forma de ser cristiano concreto: como laico, como consagrado, como misionero o como ministro ordenado. Así, el proceso de madurez humana y cristiana, se desenvuelve en un compromiso gradual dentro de la Iglesia para el mundo.

B)     LOS VALORES EN LA VOCACION:

El maestro y el alumno son los personajes centrales de una institución educativa. La figura del maestro se ha constituido en la sociedad de todos los tiempos como la persona que es el ejemplo a seguir, a escuchar, a valorar y a exigir. Los valores del docente tienen una influencia definitiva en la educación, en la formación del hombre y es piedra angular del progreso de muchos pueblos.

En el quehacer educativo lo que permanece siempre son los maestros, pues los alumnos y todo el personal de apoyo a la docencia son transitorios. La función de los maestros es muy importante en las comunidades humanas. Su presencia es clave en el proceso y el desarrollo de los pueblos.

La educación es una empresa social y que corresponde primero a la familia, al estado y a la iglesia; sin embargo, la función del maestro en la educación juega un papel muy importante. Según Gregorio Nacianceno la educación es “el arte de las artes y la ciencia de las ciencias”.

El maestro encuentra su máximo goce en la realización de sus deseos de formar al hombre como individuo y como persona. En el desempeño de su función, el maestro, como el artista, pone en juego todo su ser, utiliza todas sus facultades físicas e intelectuales, pero sobre todo, y esto lo singulariza, su corazón.

Al maestro se le llama comúnmente de varias maneras: educador, pedagogo, profesor, catedrático, formador, docente, asesor, mentor… títulos que van acordes con las diversas funciones que desempeña en el ejercicio de su cargo. Aunque en el fondo de todas estas acepciones está la esencia de la función magisterial que la distingue de las demás profesiones y actividades del hombre, vamos a hacer algunas distinciones para subrayar la acepción más común, que es la de maestro.

Magíster (maestro) de magis (más), como Minister (ministro) de minus (menos), indicaba originalmente al que es superior a otro en poder, dignidad, autoridad que, por tanto, manda y requiere respeto. Luego pasó a significar a quien es superior a otro en saber, criterio, elevación moral, y que, consecuentemente, puede ejecutar la función de instruir, dirigir, reprochar, premiar o castigar.

En Roma se le llamó Ludi Magister (maestro de juego) o Magister puerorum (maestro de niños). En Grecia recibía el nombre de pedagogo (conductor de niños). El Cristianismo reservó el hombre de Maestro para Jesucristo.

Con la difusión de la enseñanza en la Reforma nació la distinción del maestro para las escuelas primarias y profesor para las escuelas secundarias o superiores. Este criterio aún subsiste en nuestros días, aunque hay quienes asignan el nombre de maestro a quien recibió una educación normalista y profesor, a quien imparte clases sin haberla recibido.

Otros quieren llegar más alto aplicando el nombre de maestro a quien se ha especializado en estudios de posgrado, tal es el caso de las maestrías, tan comunes en nuestros días. Finalmente hay quienes afirman que profesores hay muchos pero maestros pocos, haciendo alusión a quienes por vocación y competencia saben impartir bien sus clases, y que son íntegros, completos, maestros de verdad, los cuales, en realidad, sí hay pocos. En algunos países de Europa se reserva el nombre de Profesor al que tiene, además de los más altos grados académicos, una trayectoria sobresaliente en la docencia.

Sin llegar a profundizar filosóficamente, podemos decir que el maestro es aquél que, poniendo en juego su vocación, sus gustos, sus aptitudes y toda su persona, ayuda a la educación y formación del hombre en la consecución de su personalidad integral.

Señalemos algunas de sus características más generales:

Autoridad. El maestro tiene derecho educativo participado, pues recibe su misión de los padres, del estado o de la iglesia. Es el principal cooperador de la educación. Esta autoridad es participada, con carácter de dignidad y grandeza, de paternidad espiritual y como máxima autoridad pedagógica. Su dignidad y responsabilidad es muy grande. En sus manos está, muchas veces, el destino de individuos, familias y pueblos.

Vocación. La vocación la demuestra en general con la capacidad, la inclinación y el gusto con que realiza su trabajo. Pero también con la aceptación de la sociedad, de los padres de familia y de sus alumnos. Su vocación es de las más grandes y sublimes que puede desempeñar una persona. Se le equipara, sin lugar a dudas, con el sacerdocio.

Cultura general. Sin ella y sin información suficiente y capacitación técnica profesional, el maestro no sabrá enseñar a pensar, a entender, a tolerar y lo que es más importante, a aprender. Esta cultura general es el conjunto de disciplinas formativas de la persona en conjunción con las facultades que la componen: inteligencia, sentimiento, fantasía, voluntad y actitud. El maestro debe dominar los contenidos de su área profesional.

Personalidad. Dice Kerschensteiner que “solamente de una personalidad fuerte, de una voluntad firme, dirigida exclusivamente por sí misma, puede esperarse una influencia constante y duradera”. La personalidad es, en efecto, la condición fundamental del maestro. Hay que admitir que existe la posesión de una personalidad con cualidades parciales, sencillas. Ni una inteligencia superior, ni una cultura brillante, ni una gran fuerzo de voluntad definen la personalidad, pues ésta no depende de la magnitud de las cualidades consideradas aisladamente, sino del junto equilibrio entre ellas.

Pues hay quienes, sin grandes cualidades, dan una admirable sensación de seguridad y eficacia en sus maneras de actuar. Esta personalidad se encuentra en bastantes maestros; existe en todos los que saben ganarse el amor, la estimación y el respeto de sus alumnos. Ni siquiera es incompatible la personalidad con la existencia de deficiencias parciales, con tal que no sean muy graves. La personalidad que se pide para el maestro no es algo inasequible; es, por el contrario, algo que no es difícil de darse y que se puede adquirir mediante un proceso de autoestudio y autodisciplina. Alcanzar una personalidad equivale a encontrarse a sí mismo, a ser como se es, con naturalidad.

Actitud Positiva frente al alumno. Todas las actividades del maestro deben desarrollarse sobre el amor a los alumnos. Este amor que nunca se extingue, que sonríe igualmente ante las virtudes que ante los errores de los alumnos, que no conoce la fatiga ni el engaño y que espera siempre sin desmayar en ningún momento.

Otro aspecto de la actitud del maestro es el sentimiento de jerarquía. Hay dos extremos, que a través de los tiempos se han venido imponiendo. Uno, el de superioridad del maestro ante el alumno, a partir del Renacimiento; otro, el de la superioridad del alumno, a fines del siglo XIX. Hay un término medio. La posición interior del verdadero maestro frente al alumno tiene tres aspectos: se siente al mismo tiempo superior, igual e inferior al alumno. Superior, porque conoce y domina aquello de que el alumno ha de apropiarse. Igual, porque tanto él como el alumno tiene aspectos de su personalidad que deben ser respetados por ambos. Inferior, porque descubre en los alumnos cualidades que él no posee o que no posee en esa medida.

La sencillez. Ésta es la expresión pedagógica de la unidad. La educación arranca de la sencillez de la vida sensible, la primera que vive el hombre y aspira a llegar a la sencillez en que culmina la vida espiritual. Los maestros más prestigiados son las personas más sencillas, más humildes, más humanas. El problema de la vida intelectual y el dramatismo de la vida moral se resuelven cuando el hombre conquista de nuevo la sencillez; esto es, la sencillez del sabio, la sencillez del santo. La vida moral y la vida intelectual son, en definitiva, elementos de una misma vida cuya perfección se encuentra en un solo acto en el que el entendimiento contempla y la voluntad goza. En el pensamiento moderno la sencillez es el último valor de la persona.

El hombre puede reaccionar de dos maneras: una, con variedad cuando se deja llevar por la diversidad de los acontecimientos; otra, con unidad que surge de la constancia de su ánimo para dominar los sucesos. La sencillez aquí se llama serenidad.

La sencillez se muestra también con sinceridad y veracidad cuando va contra la hipocresía, o sea, la inadecuación de la persona con su modo de actuar.

En las aptitudes se muestra la sencillez en la vocación, que no es más que hacer sencillamente aquello para lo que uno se siente llamado, lo cual da unidad a todas las acciones por muy diversas que sean, como un mismo camino unifica todos los pasos del caminante.

La sencillez está expresada por la nobleza en el ser del hombre y por la claridad y transparencia en la posibilidad de ser conocido por sí mismo o por otros. La nobleza primeramente es un valor humano. Se utiliza también para las cosas. Por ejemplo: el mármol es materia noble porque de ella sale la estatua. Se dice que un trabajo es noble porque reditúa al que lo realiza la ganancia constante que se requiere para el sustento de la persona.

La nobleza del hombre le viene de su unidad, de su ser. De la nobleza de ser viene la nobleza de proceder, lo cual le permite a un hombre conocerse bien a sí mismo y ser bien conocido por los demás. La nobleza en la actividad (unión del ser y del hacer) es equiparada a la línea recta (unión entre dos puntos). La rectitud se atribuye a quien es noble en el ser y en el hacer. El hombre es recto, franco, claro, transparente, leal, amigo. Es un hombre de una pieza. Esto es el hombre sencillo. No se desespera porque une una situación presente con una futura. La sencillez, como medio de comunicación educativa, pide un modo de hablar y de actuar.

Bondad y justicia. Pedir una virtud perfecta es demasiado, pero sí se puede pedir ejemplaridad en la conducta, por lo menos delante de los alumnos y detrás en aquello que pueda trascender a ellos; no sólo porque los alumnos son imitadores, sino porque su inteligencia forma pronto una idea de los maestros, simple pero clara. Ciertas desviaciones de la conducta del maestro pueden causar efectos perdurables en la moralidad de los alumnos.

Paciencia. De entre las virtudes particulares necesarias al maestro, la paciencia y el autodominio son las necesarias para la índole profesional. Sin embargo, vive en el mismo mundo de los demás y es hombre también que siente alegría y tristeza. Los años van quitando el dinamismo, pero dan experiencia, vista psicológica y tacto pedagógico.

Conclusiones. Cuando se considera al maestro con el pensamiento de pedirle cualidades, se suele mirar muy alto: instrucción, costumbres sobrias, buena educación, conocimiento del mundo y toda una lista de cualidades que se ha ido alargando tanto que ya no hay modo de agregar ninguna por mucha imaginación que se tenga. Todas son deseables y que se den en alto grado

Ya está por demás decirlo, pero el maestro debe tener en algo grado todas estas cualidades y valores morales, ya que su vocación, su profesión y sus actividades así lo requieren. El conjunto de todas ellas forman su esencia, que lo constituye como maestro y educador y lo distingue claramente, con excepción del sacerdocio, de todas las demás profesiones y actividades que puede desempeñar hombre alguno en este mundo.

Este es el verdadero maestro, aunque en la realidad se esté muy lejos de serlo, pero, como ya dijimos, hay que aspirar a serlo, a conseguir ese ideal, ese arquetipo, ese modelo. Sólo así podremos dignificar más y más esta profesión y colocarla en el lugar donde debe estar para que su influencia en la educación y en la formación del hombre sea para bienestar y progreso de la humanidad.

C)     INSTINTOS BASICOS:

Los instintos que afectan el carácter son:

Sexual, Material, Social y Emocional; todos estos, generan sentimientos.

Los sentimientos son interpretados como buenos o malos, lo importante es que son reales y siempre se deben tomar en cuenta, sin calificarlos.

Los Defectos de carácter son: (también llamados “Pecados Capitales”)

Lujuria, Envidia, Codicia, Soberbia, Ira, Pereza y Gula.

Los instintos generan sentimientos buenos y malos; los buenos son complacientes y los conservamos hasta el abuso por querer tenerlos de manera única, y los malos los reprimimos evitando así, conocerlos; Éstos, los sentimientos naturales no agradables, generan los defectos de carácter como consecuencia de ser suplantadores y se adueñan de nuestras vidas.

Los defectos de carácter son 7 y se subdividen en primarios y secundarios, los primarios surgen directamente de los 4 instintos y los secundarios surgen por combinación de 2 o más de ellos:

D)     DEFECTOS DE CARÁCTER:

LUJURIA:

Tradicionalmente se ha entendido la lujuria como “appetitus inorditatus delectationis venerae” es decir como un apetito desordenado de los placeres eróticos. La tradición cristiana subdividió este pecado en la simple fornicación, el estupro, el rapto, el incesto, el sacrilegio, el adulterio, el pecado contra la naturaleza, comprendiendo bajo esta última especie, la polución voluntaria, la sodomía y la bestialidad. La lujuria sería siempre un “pecado mortal” pues involucra directamente la utilización del otro, del prójimo, como un medio y un objeto para la satisfacción de los placeres sexuales.

Hay en este pecado dos grandes principios en juego: el verdadero concepto del amor y la finalidad de la sexualidad. El cristianismo –y gran parte de la tradición clásica especialmente la griega–, entienden por “amor” algo muy distinto de lo que el mundo contemporáneo comprende. El concepto de amor tiene una importancia central en el cristianismo. De hecho Dios mismo es identificado con el amor. Para el cristiano el amor es “superabundancia”, capacidad de dar y de darse, “caritas”, en definitiva: caridad, una de las tres Virtudes Teologales. De esta manera el amor implica un donarse, un darse por el otro, por el prójimo. Recordemos la segunda parte del único mandamiento que anuncia el Nuevo Testamento: “…amar al prójimo como a sí mismo”. El amor cristiano, y también el griego, está, de esta forma, desligado en su origen de cualquier tipo de sexualidad, incluso de la corporeidad. Lo erótico es una consecuencia, un plus totalmente prescindible. La casi sinonimia entre amor y sexo es producto de la modernidad. El “hacer el amor” como sinónimo de “relación sexual” es el mejor ejemplo de lo anterior. La Lujuria sería entonces totalmente contraria al amor –y a Dios– entendido en términos cristianos. El pecado de la lujuria no considera al otro como una “persona” válida y valiosa en sí misma, como un fin en sí misma por el cual tendríamos que darnos. El otro pasa a ser un objeto una cosa que satisface la más fuerte de las satisfacciones corporales, el placer sexual. Aun más, el sujeto mismo que incurre en un acto lujurioso se convierte a sí en un objeto, que olvida o suspende su propia dignidad. Por otro lado, para el pensamiento cristiano la sexualidad tiene una finalidad prestablecida, única y clara. La reproducción y la perpetuación de la especie. Esta clara finalidad da también sentido a la existencia del hombre ordenado su acción en vista del amor de Dios. La lujuria, en cambio, que no tiene en vistas la finalidad de la reproducción y que por esto pierde todo sentido, se convierte en una acción bacía, sin sentido, que de alguna manera nadifica al hombre y lo aleja del Ser de Dios.

El instinto sexual genera un sentimiento placentero al contacto genital, y esto es un diseño natural, el órgano genital esta diseñado para percibir estímulos que son interpretados por el cerebro como agradable y deseable y se busca repetirlos. Por lo tanto, a cualquier edad, será agradable el tacto en él; un niño recién nacido tiene erección como un reflejo al tacto.

La sociedad y la familia en muchas sociedades como la nuestra, han creado una conciencia a este principio natural que es transmitido como malo si se disfruta de manera autónoma sin una razón moralmente buena, por lo tanto es frecuente castigar o reprimir el hecho de sorprender a un niño jugándose los genitales, situación que logra en él, que se oculte para sentir y genere ansiedad. El continuar sintiendo este placer en silencio, crea un hábito que servirá como fuga para sustituir las situaciones cotidianas desagradables como regaños o soledad, conllevando siempre a refugiarse en el placer sexual y confundiéndolo con felicidad.

La lujuria entonces se refiere a la información que se acumula en la mente desde pequeño que el cuerpo quiere experimentar, la mente no tiene limite respecto a su capacidad, pero el cuerpo si, por lo tanto, mientras mas información exista en la mente el cuerpo tratara de alcanzarla y como no es posible esto, conlleva a una frustración que degenera en un carácter de infidelidad difícil de controlar en el adulto.

CODICIA o AVARICIA

La teología cristiana explica el pecado de la avaricia como “amor desordenado de las riquezas”, es desordenado, continua, “porque lícito es amar y desear las riquezas con fin honesto en el orden de la justicia y de la caridad, como por ejemplo, si se las desea para cooperar más eficazmente con al gloria de Dios, para socorrer al prójimo etc. El crimen de la avaricia no lo constituyen las riquezas o su posesión, sino el apego inmoderado a ellas; “esa pasión ardiente de adquirir o conservar lo que se posee, que no se detiene ante los medios injustos; esa economía sórdida que guarda los tesoros sin hacer uso de ellos aun para las causas más legítimas; ese afecto desordenado que se tiene a los bienes de la tierra, de donde resulta que todo se refiere a la plata, y no parece que se vive para otra cosa que para adquirirla.”

“La avaricia, por consiguiente, es pecado mortal siempre que el avaro ame de tal modo las riquezas y pegue su corazón a ellas que está dispuesto a ofender gravemente a Dios o a violar la justicia y la caridad debida al prójimo, o a sí mismo.”

En la avaricia se ven claramente los elementos comunes a todos los pecados. Por un lado, el avaro pierde el verdadero sentido de su acción poniendo el fin en lo que debería ser un medio, en este caso la obtención y la retención de las riquezas. Lo que importa al cristianismo es que el prójimo reciba, en justicia, la caridad que todos le debemos al menesteroso. La avaricia es directamente contraria a la caridad en cuanto es un “no dar”, más aun en privar a otros de sus bienes para tener más que retener. Por otro lado, el privar al otro de sus bienes, muchas veces con malas artes, y retener estos bienes en perjuicio del otro, es también negar al otro en su calidad de persona, de fin en sí. Se lo utiliza para satisfacer, mediante la acumulación de riquezas, el principio del amor a sí mismo.

Son “hijos” o faltas menores de la avaricia: el fraude, el dolo, el perjurio, el robo y el hurto, la tacañería, la usura, etc.

ENVIDIA:

La envidia es definida como “Desagrado, pesar, tristeza, que se concibe en el ánimo, del bien ajeno, en cuanto este bien se mira como perjudicial a nuestros intereses o a nuestra gloria: tristia de bono alteriusin quantum est diminutivum propiae gloriae et excellentiae” De esta manera, para saber si la envidia es una falta moral, es necesario investigar el verdadero motivo que produce la tristeza que se siente frente al bien que posee el prójimo. De esta manera la envidia no es pecado cuando:

  • Nos entristecemos por el cargo, potestad o bienes materiales alcanzado por quien no los merece y podría hacer mal uso de esa autoridad causando grave daño a sus semejantes.
  • Sentimos insatisfacción por los bienes que posee quien no los merece y en vista de que nosotros le daríamos mejor fin. Por ejemplo, el que abunda en riquezas haciendo mal uso de ellas: los avaros que no hacen uso de sus bienes ni para beneficio propio ni para el de los demás.
  • Otras veces, nos entristecemos, no tanto de lo que el otro posee como del hecho de que nosotros carecemos de ese bien, si esta constatación nos muestra el tiempo y las oportunidades perdidas y alienta nuestro propio sentido de superación.

La envidia es falta gravísima, cuando nos incomoda y angustia a tal grado el bien o los bienes materiales del otro, que deseamos verlo privado de aquellos bienes que legítimamente a conseguido y al que, nosotros, por nuestra impotencia, no hemos logrado conseguir. De esta manera, este deseo de ver privado al otro de sus bienes nos puede conducir a procurar, por todos los medios, a efectivamente quitarle esos bienes o de hacer ver, con el uso del chismorreo, que aquel no debería poseer lo que posee. La mentira, la traición, la intriga, el oportunismo entre otras faltas se desprenden de esta tristeza frente al bien ajeno y a nuestra propia incapacidad de acceder a tales bienes.

SOBERBIA:

Es el principal de los pecados capitales. Es la cabeza de “todos” los restantes pecados. Recordemos que por esta falta, según la teología cristiana, el hombre fue expulsado del jardín del paraíso. Es una ofensa directa contra Dios, en cuanto el pecador cree tener más poder y autoridad que Dios. En general es definida como “amor desordenado de sí mismo”. Según Santo Tomás la soberbia es “un apetito desordenado de la propia excelencia”. Se considera pecado mortal cuando es perfecta, es decir, cuando se apetece tanto la propia exaltación que se rehúsa obedecer a Dios, a los superiores y a las leyes. Se trata de renunciar a Dios en cuanto es Verdad y sentido conductor de la existencia e instalarse a sí mismo como Verdad suprema e infalible y como fundamento de la acción humana. De la misma manera, y guardando las distancias, se aplica al respeto y a la consideración que los subordinados le deben a las autoridades legítimamente constituidas. De la soberbia se desprenden las siguientes faltas menores:

La vanagloria: es la complacencia que uno siente de sí mismo a causa de las ventajas que uno tiene y se jacta de poseer por sobre los demás. Así mismo, consiste en la elaborada ostentación de todo lo que pueda conquistarnos el aprecio y la consideración de los demás.

La Jactancia: falta de los que se esmeran en alabarse a sí mismos para hacer valer vistosamente su superioridad y sus buenas obras. Sin embargo, no es pecado cuando tiene por fin desacreditar una calumnia o teniendo en miras la educación de los otros.

El Fausto: consiste en querer elevarse por sobre los demás en dignidad exagerando, para ello, el lujo en los vestidos y en los bienes personales; llegando más allá de lo que permiten sus posibilidades económicas.

La altanería: Se manifiesta por el modo imperioso con el que se trata al prójimo, hablándole con orgullo, con terquedad, con tono despreciativo y mirándolo con aire desdeñoso.

La ambición: Deseo desordenado de elevarse en honores y dignidades como cargos o título, sólo considerando los beneficios que les son anexos, como la fama y el reconocimiento.

La hipocresía: simulación de la virtud y la honradez con el fin de ocultar los vicios propios o aparentar virtudes que no se tienen.

La presunción: consiste en confiar demasiado en sí mismo, en sus propias luces, en persuadirse a uno mismo que es capaz de efectuar mejor que cualquier otro ciertas funciones, ciertos empleos que sobrepasan sus fuerzas o sus capacidades. Esta falta es muy común porque son rarísimos los que no se dejan engañar por su amor propio, los que se esfuerzan en conocerse a sí mismos para formar un recto juicio sobre sus capacidades y aptitudes.

La desobediencia: es la infracción del precepto del superior. Es pecado mortal cuando esta infracción nace del formal desprecio del superior, pues tal desprecio es injurioso al mismo Dios. Pero cuando la violación del precepto no nace del desprecio sino de otra causa y considerando la materia y las circunstancias del caso, puede ser considerada una falta menor.

La pertinacia: consiste en mantenerse adherido al propio juicio, no obstante el conocimiento de la verdad o mayor probabilidad de las observaciones de los que no piensan como el sujeto en cuestión.

El remedio radical contra la soberbia es la humildad. Según el cristianismo, “Dios abate a los soberbios y eleva a los humildes (Luc. 14)

IRA:

“Appetitus inordinatus vindictae” es decir, un “apetito desordenado de venganza”. “Que se excita –continua la definición latina– en nosotros por alguna ofensa real o supuesta. Requiérase, por consiguiente, para que la ira sea pecado, que el apetito de venganza sea desordenado, es decir, contrario a la razón. Si no entraña este desorden no será imputado como pecado”. De esto ultimo se desprende que habría una ira “buena y laudable” si no excede los límites de una prudente moderación y tiene como fin suprimir el mal y reestablecer un bien. “El apetito de venganza es desordenado o contrario a la razón, y por consiguiente la ira es pecado, cuando se desea el castigo al que no lo merece, o si se le desea mayor al merecido, o que se le infrinja sin observar el orden legítimo, o sin proponerse el fin debido que es la conservación de la justicia y la corrección del culpable.

Hay también pecado en la aplicación de la venganza, aunque esta sea legítima, cuando uno se deja dominar por ciertos movimientos inmoderados de la pasión. De esta manera la ira se convierte en pecado gravísimo porque vulnera la caridad y la justicia. Son hijos de la Ira: el maquiavelismo (Inspirado en Maquiavelo que justifica cualquier medio para alcanzar un fin), el clamor, la indignación, la contumelia(ofensa dicha a alguien en su cara), la blasfemia y la riña”.

De la definición anterior se desprende que la ira es el uso de una fuerza directa o verbal que trasgrede los límites de la legitima restitución de un bien ofendido. La violencia, entendida como el uso de la fuerza, si es desmedida, es claramente una anulación del otro. En el asesinato, por ejemplo, que no corresponde a la legítima defensa, se pretende evidentemente la nadificación del otro. En el leguaje, mediante la ofensa o el improperio, encontramos también el deseo de perjuicio e incluso de nulidad del otro.

Es importante hacer notar que el uso de la fuerza en contra del prójimo no siempre es un mal moral. Debe ser entendida como un mal menor si el fin por el cual se realiza no es sólo la anulación del otro sino que persigue fines legítimos como la conservación de la vida propia o de terceros. Tal es el caso de la “guerra legítima” que procura evita la propia muerte o la privación de la legítima libertad a mano de un invasor, la legítima defensa. El uso de la fuerza se justifica también cuando se procura, con esto, el bien del otro, evitando de esta manera un daño mayor que el dolor que se infringe.

La ira se convierte en pecado gravísimo cuando nuestro instinto de destrucción sobrepasa toda moderación racional y, desbordando todo límite dictado por una justa sentencia, se desea sólo la inexistencia del prójimo.

PEREZA O ACIDIA:

Es el más “metafísico” de los Pecados Capitales en cuanto está referido a la incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia en cuanto tal. Es también el que más problemas causa en su denominación. La simple “pereza”, más aún el “ocio”, no parecen constituir una falta. Hemos preferido, por esto, el concepto de “acidia” o “acedía”. Tomado en sentido propio es una “tristeza de animo” que nos aparta de las obligaciones espirituales y divinas, a causa de los obstáculos y dificultades que en ellas se encuentran. Bajo el nombre de cosas espirituales y divinas se entiende todo lo que Dios nos prescribe para la consecución de la eterna salud (la salvación), como la práctica de las virtudes cristianas, la observación de los preceptos divinos, de los deberes de cada uno, los ejercicios de piedad y de religión. Concebir pues tristeza por tales cosas, abrigar voluntariamente, en el corazón, desgano, aversión y disgusto por ellas, es pecado capital.

Tomada en sentido estricto es pecado mortal en cuanto se opone directamente a la caridad que nos debemos a nosotros mismos y al amor que debemos a Dios. De esta manera, si deliberadamente y con pleno consentimiento de la voluntad, nos entristecemos o sentimos desgano de las cosas a las que estamos obligados; por ejemplo, al perdón de las injurias, a la privación de los placeres carnales, entre otras; la acidia es pecado grave porque se opone directamente a la caridad de Dios y de nosotros mismos.

Considerada en orden a los efectos que produce, si la acidia es tal que hace olvidar el bien necesario e indispensable a la salud eterna, descuidar notablemente las obligaciones y deberes o si llega a hacernos desear que no haya otra vida para vivir entregados impunemente a las pasiones, es sin duda pecado mortal.

Son efectos de la pereza:

La repugnancia y la aversión al bien que hace que este se omita o se practique con notable defecto.

La inconsistencia en el bien, la continua inquietud e irresolución del carácter que varía, a menudo, de deseos y propósitos, que tan pronto decide una cosa como desiste de ella, sin ejecutar nada.

Una cierta pusilanimidad y cobardía por la cual el espíritu abatido no se atreve a poner manos a la obra y se abandona a la inacción.

La desesperación de considerar que la salvación es imposible, de tal manera que lejos de pensar el hombre en los medios de conseguirla se entrega sin freno alguno a sus propias pasiones.

La ociosidad, la fuga de todo trabajo, el amor a las comodidades y a los placeres.

La curiosidad o desordenado prurito de saber, ver, oír, que constituye la actividad casi exclusiva del perezoso.

En el fondo, la acidia se identifica con el “aburrimiento”. Pero no con ese aburrimiento objetivo que nos hace escapar de una cosa, de una situación o de una persona en particular. Más bien se refiere al “aburrimiento” que sentimos frente a la existencia toda, frente al hecho de existir y de todo lo que esto implica. La vida nos exige trabajo, esfuerzo para actuar según lo que se debe, esfuerzo que no es ni gratuito ni fácil.

Cuando no somos capaces de asumir este costo (este trabajo) y desconocemos aquello que debemos “hacer” en la existencia, la vida humana se transforma en un vacío que me causa “horror”; se transforma en un vacío que me angustia y del cual escapamos constantemente casi sin darnos cuenta. De hecho ‘aburrimiento’ significa originariamente “ab horreo” (horror al vacío). Decíamos que la acidia es el más metafísico de los pecados capitales parque implica no asumir los costos de la existencia, de escapar constantemente de hacer lo que se debe, por no saber lo que se debe.

GULA:

Como “uso inmoderado de los alimentos necesarios para la vida” es definido este pecado. La definición teológica se complementa con que “el placer o deleite que acompaña al uso de los alimentos, nada tiene de malo; al contrario, en el efecto de una providencia especial de Dios para que el hombre cumpliese más fácilmente con el deber de su propia conservación. Prohibido es, empero, comer y beber hasta saciarse por ese solo deleite que se experimenta”. De esta manera, la religiosidad latina especifica estas faltas en: proepropere: comer antes de tiempo o cuando se debe abstener de comer, por ejemplo en los días de ayuno señalados por la Iglesia; laute: cuando se comen manjares que superan las posibilidades económicas de la persona; nimis cuando se bebe o se come en perjuicio de la salud de la persona; ardenter: cuando se como con extrema voracidad o avidez a manera de las bestias. La gula se transforma en pecado en los siguientes casos:

  • Cuando por el solo placer de comer se llega al hurto o se reduce a la familia a la mendicidad.
  • Cuando el deleite en el comer se reduce a un fin único y preponderante en la vida.
  • Cuando es causa de graves pecados como la lujuria y la blasfemia.
  • Cuando trasgrede los preceptos de la Iglesia en los días de ayuno y de abstinencia de ciertos alimentos.
  • Cuando se provoca voluntariamente el vómito para continuar el deleite de la comida.
  • Cuando se auto infiere grabe daño a la salud o sufrimiento a si mismo y a los que lo rodean.

Además de lo dicho por la teología tradicional, la gula tiene un aspecto que no debemos dejar de considerar. La gula es la manifestación física de un apetito más profundo y significativo. El que cae en las tentaciones de la gula, no sólo quiere consumir comida. Quiere, de alguna manera, ingerir todo el universo. Asimilar, hacer suyo, todo lo exterior, reducir todo lo otro a sí mismo. En este sentido la gula se mimetiza estrechamente con la lujuria, se trata de ponerse por sobre lo otro, reducirlo, objetivarlo y hacerlo suyo. De esta manera el “glotón” se transforma en el único centro de referencia, en conformidad con el principio del amor a sí mismo. El asimilar, reducir, el universo en general y al prójimo en particular a sí mismo es la más radical negación del otro. En la Gula se encierran las dependencias a sustancias como drogas o bebidas alcohólicas, energéticas e incluso excesos en algunas prácticas, ejemplo: Drogadicción, Alcoholismo, Ludopatía (adicción al juego) etc.

EL CARÁCTER AFECTA TU CUERPO

 

El carácter se imprime en la propia fisonomía; la manera en la cual camina o se sienta un hombre nos muestra algo de su carácter.

El rostro es el espejo en el que se refleja el alma, en el que quedan marcadas con arrugas cada vez más profundas sus pensamientos, pasiones y ambiciones.

El cuerpo nos habla de la historia moral de la vida del alma. Muchas características están tan claramente marcadas que es imposible no verlas.

El cuerpo es el testigo material del alma.

Tu dominio propio afectará tu cuerpo resucitado

El cuerpo ha de resucitar llevando impresos en él, para bien o para mal, los trazos de su vida terrena.

Si somos capaces de formarnos una idea sobre la condición del cuerpo resucitado, nos ayudará y guiará en la práctica del dominio propio. El objetivo de toda disciplina es conquistar al cuerpo y llevarle a un estado de obediencia por el que se prepare para la vida resucitada.

[Será un cuerpo, nos dice San Pablo, incorrupto, gloriosos, poderoso y espiritual (I Cor 15, 4 2-44)]. No podemos experimentar esto en la tierra pero podemos esperar experimentar en nosotros aquello de lo que se derivan esos resultados: los movimientos espirituales del alma y la demás del cuerpo. Priva a tu cuerpo de cualquier cosa que debilite la unión tu alma con Dios.

El cuerpo terreno es sujeto de sufrimiento y corrupción y siempre encara a la muerte.

En la resurrección, todo dolor, sufrimiento y corrupción habrán pasado para siempre.

Ya no existirán el duelo o el sufrimiento “… porque todo esto es ya pasado (ap. 21, 4).

Cuando al fin de la vida el cuerpo y el alma se encontraban juntos, la agonía de la mente los acechaba. [Una vez resucitado el hombre], se encuentran otra vez unidos, y por las venas fluyen los torrentes de la vida. El tiempo ya no significa nada y el trabajo no fatiga. Los siglos se suceden y el cuerpo, no tocado por el tiempo, es perennemente joven.

La energía de la vida divina [es patente].

¿De dónde obtiene el cuerpo esta vitalidad maravillosa? El cuerpo no posee en sí mismo el don de la inmortalidad. Su fuente se encuentra en el alma; fluye al cuerpo desde el alma.

¿De dónde obtiene el alma su poder? Lo recibió aquí en la tierra. Sus primeros gérmenes le fueron dedos en la fuente bautismal.

Esta vida abundante recibida en el bautismo es nutrida por los sacramentos y desarrollada por la lucha con el pecado. Surge de la unión con El que es la fuente y el manantial de la vida eterna. Esa vida que fluye en la resurrección con tanta energía debió ser cultivada y desarrollada en medio de las dificultades terrenas. Cada lucha la fortaleció, cada sacramento aumentó su poder. Y ahora cuando su periodo de prueba ha concluido, toda dificultad ha sido vencida y su unión con Cristo se perfecciona, la vida que tiene el alma fluye al cuerpo, lo transforma y convierte en coheredero de sus alegrías.

Para obtener este glorioso don para el cuerpo, el alma, durante la vida terrena, tuvo que luchan constantemente con él para disciplinarlo, rehúsan sus demandas y corregir sus exageraciones. Frecuentemente tuvo que ser estricta con el cuerpo, haciéndole sufrir a veces para domarle. Todo para ganarle el regalo de bodas glorioso de la inmortalidad con el que habría de obsequiarle en la mañana de la resurrección.

Este debe ser entonces el primer principio de la practica del auto-dominio: negar al cuerpo aquello que pueda debilitar o posponer la unión del alma con nuestro Señor. Es bueno recordar que al negarle indulgencia, le estamos ganando la mejor indulgencia: la inmunidad del sufrimiento eterno.

E)      CONGRUENCIA:

La congruencia es esa sensación de coherencia, de veracidad, de certidumbre, de sinceridad, que nos proporciona nuestra fuerza interior, cuando todas nuestras partes internas están alineadas hacia un mismo objetivo, hacia un mismo fin, es decir, todos nuestros “yoes” están de acuerdo -al menos por una vez-, en colaborar y trabajar en equipo a nuestro favor, cosa que no siempre es fácil de conseguir, ya que todos estamos compuestos de múltiples partes, yoes o facetas de nuestro ser, que no siempre desean lo mismo. Es como ser el director de nuestra propia orquesta: no se trata de que todos los músicos toquen el mismo instrumento, sino que todos se pongan de acuerdo en la melodía a interpretar.

El resultado de la congruencia es el poder personal, el carisma, la energía, y es la base sobre la que se apoya el liderazgo. “Walk what you talk”, es decir, haz lo que predicas, enseña con el ejemplo. Que tus actos sean el reflejo de tus palabras. Que tu vida hable de tí por sí sola. Y ello requiere de un gran trabajo personal, de un férreo autocontrol donde no se dan más permisos que aquellos que ayuden a configurar nuestra vida como una perfecta obra de arte.

Lo contrario es lo que muy a menudo observamos a nuestro alrededor. “Lo que eres habla tan alto que no escucho lo que dices.” La incongruencia es el dominio del ego, de las justificaciones, del auto sabotaje, del autoengaño.

Siempre he creído que habría que hacer un test de congruencia personal, sobre todo a los profesionales que ostentan un título que les permite influir en los demás, sin haber comprobado previamente que, en efecto, esa persona ES lo que dice su título… pero una cosa es lo que han estudiado y otra muy distinta cómo viven, cuales son sus creencias, sus valores, su misión

“Sé tú mismo el cambio que quieras ver en el mundo”

Mahatma Gandhi

La Real Academia Española en una de sus acepciones define congruencia como coherencia. Hay otras, pero hoy quiero referirme a este significado.

La congruencia es entonces similar a la coherencia, a la sinceridad. Y esta se manifiesta cuando todo nuestro ser está alineado entre lo que decimos que somos y como actuamos.  Entre lo que decimos que somos y cómo nos ven quienes nos miran. Esta sensación de congruencia entonces nace cuando sentimos que actuamos equilibradamente, y que todo nuestro ser va unido en el camino que hemos elegido recorrer. Siempre que las personas son congruentes tienen poder personal, y eso es piedra fundamental del liderazgo. No se puede ser líder si no se es coherente. Y ser coherente es ser creíble.

El ser congruente en nuestra vida trae indudables resultados, ya que sin duda que la congruencia aporta lo necesario para la dirección que llevamos, da una orientación clara a nuestras intenciones y permite entonces que todo nuestro yo se involucre al logro del objetivo. Nuestras creencias, nuestros sueños, nuestros deseos, nuestros anhelos se juntan y van produciendo esa energía interna necesaria para llegar a ese fin.

Cuando somos congruentes nuestras acciones hablan por sí mismas, y éstas son el reflejo de las palabras que pronunciamos. Somos congruentes cuando enseñamos con el ejemplo.

Asistimos en nuestros días a muchos ejemplos de lo contrario a la congruencia.

Nos vemos invadidos diariamente por muchos ejemplos de ello. En aquellos que el ego es quien manda en el actuar es donde abunda la incongruencia. Y cuando son descubiertos estos actos aparecen las justificaciones. Cuando se actúa coherentemente hay una estrecha relación entre lo que se expresa verbalmente y lo que se hace, y el ejemplo se condice con el estilo de vida. Entonces, no es necesaria la justificación, porque no se cae en contradicciones. La incongruencia se detecta fácilmente, y no es necesario ser demasiado intuitivo para ello. Los políticos, debido a su exposición y escrutinio público permanentes, son los casos más patentes en los cuales podemos ver los niveles de congruencia. ¿Pero qué sucede con los votantes que ven que el político no es de fiar por su incongruencia y le siguen dando el voto? Simple, son ellos los incoherentes. Vale decir, los que no están actuando alineadamente entre lo que dicen o piensan y lo que hacen. Y cuando una sociedad llega a validar la incoherencia, siembra las semillas de un peligroso deterioro.

Cuando somos congruentes todo nuestro ser se alinea en pos del objetivo que nos hemos trazado, y todos los obstáculos se van allanando, y aparecen como por arte de magia todos los recursos necesarios para llevar a buen puerto nuestro cometido, así tome un buen tiempo el lograrlo.

Vivir congruentemente es un desafío mayor. Significa no rendirse ante la manipulación, ante la tentación material de llevar una vida aparentemente fácil, ya que más temprano que tarde esa incongruencia pasará la cuenta, y deberá equilibrarse nuevamente.

Somos incongruentes cuando trabajamos para ayudar a recuperar la salud a las personas pero bebemos o comemos en exceso, o fumamos.

Somos incongruentes cuando pretendemos ascender en donde trabajamos pero vemos como enemigos a clientes y compañeros.

Somos incongruentes cuando damos consejos pero no los practicamos nosotros.

Somos incongruentes cuando decimos a otros lo que deben hacer sin haberlo hecho nosotros antes.

Somos incongruentes cuando obligamos a otros a hacer lo que no haríamos nosotros.

Somos incongruentes cuando seguimos en el mismo trabajo aburrido sabiendo que somos infelices.

Somos incongruentes cuando mantenemos las mismas relaciones afectivas que nos producen tristeza y ansiedad y no hacemos nada por movernos de ahí.

Somos incongruentes cuando deseamos tener una posición de mayor responsabilidad en la empresa pero llegamos siempre tarde.

Somos congruentes cuando actuamos con amor, porque el amor es nuestra esencia.

F)      QUIEN SOY COMO DOCENTE, QUIEN SOY YO COMO DOCENTE EN MI FUNCION

Los seres humanos nos educamos de acuerdo a dos procesos fundamentales y complementarios: uno de orden social y otro de orden individual. En el transcurrir de ambos procesos transita entre lo que aprende en teoría y lo que aplica a través de su experiencia en una contrastación de esos saberes particulares con los contextuales.

Edgar Faure1 citando a John Dewey, destaca que “la esencia de toda filosofía es la filosofía de la educación” y es en este sentido que puede afirmarse que la educación que se plantea la sociedad hunde sus raíces en la propia sociedad y este hecho no es novedoso, sino que se remonta a la Antigüedad en donde se establecía las necesidades educativas. Baste recordar la esencia de la paideia griega, u otras culturas como la egipcia, la azteca, la china y la maya, donde la educación se apoyaba en un concepto cósmico que situaba al hombre como parte de ese universo resultando fundamental conocer el contexto donde se desarrollaba su existencia.2

La educación de las personas es el resultado de múltiples variables de tipo contextual que tienen su efecto positivo o negativo en lo relativo a su comportamiento, en su ideología y en su desarrollo profesional, por lo cual se podría afirmar que el ser humano como ser social se educa y se transforma en su contexto, fundamentalmente en su entorno familiar, laboral y de amistades.

La sociedad por lo tanto constituye un espacio educador, el más abarcativo y efectivo de todos. Debido a eso la educación debe de guiar a la persona a que interpele su contexto, no meramente sometiéndolo. La cultura y la educación forman un binomio nodal en la capacidad de transformación crítica de los individuos en una sociedad de permanentes cambios e incertidumbres.

El concepto de educación permanente de aprender a aprender , indica que el conocimiento es un proceso de construcción inacabado que acontece en aproximaciones sucesivas a los objetos de estudio. Inserta en esta visión de integración y totalidad, la docencia se concibe como un proceso facilitador de los aprendizajes.

Actualmente se advierte una formación docente dominada por la tendencia de enseñar a enseñar a manejar contenidos pero no a elaborarlos debatirlos ni transformarlos.

Los desafíos actuales de la sociedad, demandan del docente la demostración de una competencia profesional real, basada en un sólido dominio científico y la capacidad de ejercerla. Como consecuencia de ello, se vislumbraría una ruptura del paradigma de la repetición y transmisión de conocimientos por otro basado en las competencias que se construyen y transforman a partir del mercado de trabajo.

Es importante el reconocimiento de: ¿cómo enseñamos?, ¿cómo miramos la propia actividad docente?, ¿cómo valoramos el ser profesores?

Iniciaremos por reconocernos como docentes a la luz de la experiencia; recuperar vivencias de la práctica cotidiana que nos permitan acciones para adaptar nuestra práctica a las necesidades presentes en la formación profesional de nuestros estudiantes universitarios.

Es evidente que ser profesor en los tiempos actuales representa grandes retos. Juntos reflexionaremos acerca del valor de reconstruir la práctica docente desde nuestra personal mirada, pero desde luego, con una visión de futuro que nos acerque hoy a la realidad de las instituciones universitarias.

Propósitos

 

•          Reconocer, a partir del análisis del quehacer docente, algunas fortalezas y debilidades  para emprender los cambios necesarios y así mejorar la práctica profesional.

•          Reflexionar acerca del valor de recuperar la experiencia docente para reconstruir procesos de mejora e innovación de su práctica profesional.

Actividades

a) Inicia redactando algunos datos básicos de tu perfil profesional: en un archivo de Word o procesador de textos, escribe algunos datos básicos de tu perfil e incluye tu fotografía digital. Describe brevemente: 1) quién eres, 2) cuáles son tus intereses académicos y 3) qué asignaturas impartes. Esta información guárdala en un documento y carpeta con tu nombre en tu memoria USB. Más adelante podrás compartirla con los colegas participantes.

b) Anota también una breve bienvenida a tus estudiantes, compartiéndoles algunos de los aspectos más relevantes que abordarán a lo largo de tus clases.

c) Describe  quién eres en lo personal: tus gustos, tus aficiones, tus intereses, etc., qué motivaciones te llevaron a ser docente, así como  tu percepción del uso de los materiales en apoyo a tu actividad docente. Te recomendamos intercambiar y leer algunas de las participaciones de los compañeros expresadas y dialogar con ellos haciendo comentarios de sus intervenciones.

d) Expresa las motivaciones que te llevaron a participar en esta experiencia académica.

Elabora algunas ideas sobre tus expectativas, es decir, lo que esperas de esta experiencia formativa de aprendizaje.

g) Finalmente,  para que todos los  docentes participantes al curso podamos conocernos un poco más en lo personal y con el propósito de integrar un grupo colaborativo, además  como dinámica sugerida para realizar con tus estudiantes, te proponemos realizar la siguiente actividad:

Dibuja en Paint la silueta de una persona o puede ser  una figura que elijas de la galería de imágenes prediseñada, una fotografía digital que tengas en archivo o la figura de un avatar. Luego, vas a  escribir tu nombre debajo de ella y a anotar los siguientes

Cuestionamientos:

Título: ¿Quién soy?

Escribe:

•          En la cabeza: una o más ideas que siempre defenderás.

•          En el oído: las palabras o sonidos que conservas en la memoria.

•          En la nariz: los olores que recuerdas.

•          En la boca: la frase por la que quisieras ser recordado.

•          En el corazón: lo que más amas.

•          En el estómago: los temores más fuertes.

•          En las manos: acciones inolvidables que has realizado.

•          En los pies: los mayores tropiezos  o peores metidas de pata.

EJEMPLO:

G)     ESTRATEGIAS DOCENTES ACTITUDINALES

 

El docente tiene un papel indispensable en el proceso de enseñanza y aprendizaje, como persona transmisora de unos conocimientos, procedimientos y actitudes al alumnado. Este profesional es organizador/a del entorno de aprendizaje, planificador/a de las actividades a realizar para la consecución de los objetivos, evaluador/a del rendimiento de alumnos y alumnas, por nombrar sólo algunas de las importantes funciones que desarrolla en el proceso educativo.

Actualmente, el profesorado se encuentra en una situación en la que se le exigen excesivas responsabilidades, basta echar una breve ojeada a la prensa para observar como se le culpabiliza de los problemas que se dan dentro del contexto escolar, tanto en lo que atañe a las relaciones profesorado-alumnado, institución-alumnado, conflicto escolar, como a la falta de asimilación de los contenidos curriculares entre los estudiantes.

De este modo, el profesorado puede sentirse abrumado ante tanta responsabilidad y tarea surgiendo el desconcierto personal ante el contexto socio-escolar, la contradicción entre sus derechos y deberes, la falta de concreción en las tareas, etc. Así, en muchos casos, el docente puede sumirse en una desmotivación al comprobar la falta de estrategias de que dispone para reconducir el contexto conflictivo y la convivencia escolar.

Costa (2002), plantea la hipótesis de que la vida mejoraría sensiblemente y accederíamos a servicios de mayor calidad si la competencia social impregnara el desarrollo personal de los  individuos y el desarrollo de muchos profesionales, ya que quizás uno de los hechos más probados y sobre el que existe un mayor grado de acuerdo, es el de la estrecha relación entre las dificultades de una persona en sus relaciones interpersonales y el riesgo de que esa misma persona sufra algún tipo de problema personal importante.

LA FORMA DE CONCEPTUALIZAR LA DESMOTIVACIÓN DOCENTE

El sentimiento de insatisfacción, de incomodidad que puede padecer el docente ha sido conceptualizado por Travers y Coopers (1997), en su libro reciente “El estrés de los profesores”, “La presión en su actividad docente a través de un enfoque interactivo”.  Estos autores plantean un enfoque global, no analizando únicamente el estrés como un estímulo ambiental o como una respuesta frente a las exigencias del entorno, sino como un concepto dinámico y relacional. Se produce, una interrelación continua entre la persona y su entorno, que está mediada por un conjunto de procesos cognitivos constantes. Hay cinco aspectos importantes del modelo cognitivo a considerar en relación al estrés: valoración subjetiva de la situación; experiencia (familiaridad con la situación aprendizaje preoperatorio o formación inicial y los fracasos o refuerzos obtenidos a través de la experiencia anterior); exigencia real junto a la capacidad real y percibida; la influencia interpersonal; las estrategias de superación ante el desequilibrio percibido. Ortiz (1995), apunta diferentes contextos que influyen negativamente en la motivación docente y en la falta de recursos por parte de éste para resolver la situación: contexto social; percepción social del docente, influenciada por los estereotipos de los medios de comunicación; contexto de la práctica docente, en dónde tendrá que hacer frente, en alguna ocasiones a la resolución de problemas de delincuencia y conflictividad escolar. Sin dejar de lado, en cada uno de estos contextos, la importancia de atender al objetivo de educación integral.

Otro aspecto a tomar en consideración, es la evaluación continua del trabajo del profesor/a, que siendo un recurso educativo interesante, en la medida que se utilice para desarrollar las potencialidades de los docentes, puede convertirse, no obstante, en un resultado desagradable. Al no cumplir el requisito de objetividad y no ajustarse a la realidad puede adoptar la función de un sistema de control sancionador (Tejedor, 1992), suponiendo, incluso, un riesgo para la autoestima del maestro o maestra.

Esta profesión supone, por otra parte, situaciones interactivas continuadas con la autoridad, los compañeros y compañeras, los padres y madres del alumnado y los propios alumnos y alumnas.

Las notas básicas de incomunicación y falta de cooperación con estos colectivos, acrecientan el malestar docente (Domenech Delgado, 1995; Vandergue y Huberman, 1999) y son una de las principales causas de desencanto hacia la tarea y la desvalorización de ésta. Ante este hecho, ¿cuáles son las estrategias de intervención con que podemos dotar al colectivo docente para desarrollar sus propias habilidades sociopersonales? Dichos aspectos han sido tratados por distintos autores (Girard y Koch, 1997; Burget, 1999; Luca de Tena, Rodríguez y Sureda, 2001; Sureda, 2001).

PROPUESTAS DE INTERVENCIÓN ANTE LA INSATISFACCIÓN DEL DOCENTE EN LA ENSEÑANZA

Se propone un modelo de formación para maestros y maestras que atienda, no sólo a conceptos, procedimientos y actitudes por separado, sino que deriven en una competencia integrada en “un saber, un saber hacer y un saber estar”. Este hecho supone atender a una inteligencia integral, a la que se puede definir como la unión e integración de la inteligencia racional, emocional, actitudinal o social. Esta visión integradora, que está presente también en la finalidad de la educación que formula la UNESCO (1996), se sintetiza en un “aprender a ser”.

De manera concreta, vemos la necesidad de trabajar la inteligencia emocional como competencias y estrategias que posibilitan un aprender a hacer desde un paradigma interpretativo de la situación. El uso de estas estrategias potenciarán el propio bienestar y estado de satisfacción personal y profesional. La necesidad de potenciar las emociones positivas, dentro del sistema educativo, es un factor significativo para el bienestar emocional. Es difícil descubrir cuáles son las emociones que se experimentan porque, en realidad, no se está acostumbrado ha desarrollar la introspección. En este sentido Sastre y Moreno indican que: “Todo proyecto que tenga por finalidad educar cívicamente debe conceder un lugar relevante a las relaciones personales. El conocimiento de los sentimientos y de las emociones requiere un trabajo cognitivo, puesto que implica una toma de conciencia de los propios estados emocionales, de las causas susceptibles de provocar cada uno de ellos y de sus consecuencias, es decir, de cómo reaccionamos cuando estamos bajo la influencia de una emoción determinada. Este es un paso importante para el autoconocimiento, el cual nos será difícil poder prever nuestros propios estados de ánimo o incluso descubrir por qué experimentamos determinado sentimiento, como por ejemplo, por qué nos hemos puesto de mal humor o por qué realizamos un desplazamiento emocional y respondemos inesperadamente de forma brusca a una persona que no tiene nada que ver con la problemática que realmente nos preocupa” (Sastre y Moreno, 2002, 46-47).

Uno de los libros que más ha influido en los últimos años es el de Goleman La inteligencia emocional, publicado en 1995, poniendo de relieve la necesidad de dotar de emoción a la inteligencia. Goleman (1996) se basaen la línea de investigación abierta por una serie de autores como Gardner, Sternberg y Salovey, sobre la inteligencia emocional. En este sentido, resulta interesante la aportación de Salovey, que subsume a las inteligencias personales de Gardner y las organiza en cinco competencias principales:

a) el conocimiento de las propias emociones;

b) la capacidad de controlar las emociones;

c) la capacidad de motivarse uno mismo;

d) el reconocimiento de las emociones ajenas;

e) el control de las relaciones (Goleman, 1996).

Los currículos para la formación de los docentes no pueden basarse únicamente en los aspectos científicos, puesto que lo afectivo y emocional es fundamental para el desarrollo cognitivo y, además, conduce al equilibrio psíquico del ser humano (Sastre, Moreno y Timón, 1998). De ahí la necesidad de que la propuesta sea desarrollar la inteligencia integral del futuro docente y profesorado en activo.

De acuerdo con Armas (1998), la inteligencia racional implicará un enfoque científico-racional de la realidad, teniendo  una visión ecológica, sistémica de la realidad, que abarca desde la evaluación y comprensión de ésta, las relaciones entre los elementos del sistema, la visión histórica-evolutiva de las personas, los procesos y las instituciones hasta la evaluación de aspectos positivos y necesidades.

La inteligencia emocional exigirá el dominio de las relaciones interpersonales, capacidad para motivarse uno mismo, saber tomar decisiones en equipo, resolver conflictos, negociar soluciones y propuestas de mediación. Mientras que la inteligencia actitudinal permitirá una predisposición positiva y de mejora ante la situación y las demandas del contexto.

4.-COMO:

Se aplicara un test y se desarrollará a partir de un Valor seleccionado una estrategia personal para aplicarla en su practica docente.

A) TEST DE CONGRUENCIA

B) VALOR que se convierte en ESTRATEGIA

A)     TEST DE CONGRUENCIA

1.- Te trazaste la importante meta de estudiar una maestría. Sin embargo, alguien cercano a ti te hace ver los inconvenientes de intentarlo en este momento de tu vida. Tu reacción es:

a) Lo piensas mejor. No se te había ocurrido ver el lado oscuro de las cosas.

b) Mantienes tu decisión: eres la única que sabe qué es lo que te conviene.

c) Cambias de opinión y renuncias a la idea.

2.- Hace cinco años visualizaste lo que querías ser y hacer en el futuro. ¿Tu realidad presente corresponde con esa imagen?

a) No. Lograste menos de lo que creías.

b) La supera. Tomaste algunas decisiones en el camino que te ayudaron a rebasar tus expectativas personales.

c) Más o menos. En realidad, cambiaste muchos de tus objetivos.

3.- Te invitan a ir a un lugar que no te atrae: es un antro ruidoso y tú prefieres otros ambientes. ¿Qué haces?

a) No vas; explicas claramente que te desagradan los sitios bulliciosos.

b) Vas y sufres tu decisión toda la noche.

c) Asistes un rato, por obligación. ¿Quién sabe?, a lo mejor te gusta.

4.- Estás satisfecha con tu empleo, pero recibes una oferta que si bien suena maravillosa, no concuerda con tu plan de vida. ¿Qué haces?:

a) Aceptas de inmediato: las oportunidades se toman al vuelo.

b) Haces un balance riguroso y evalúas las ventajas y desventajas antes de decidir.

c) Rechazas la proposición pese a su encanto.

5.- Casi todas hemos sido presas de sentimientos de culpabilidad por haber dejado de hacer cosas que deseábamos. En este sentido, tu bagaje es:

a) Ligero. Tienes la capacidad de perdonarte a ti misma y de comprender los motivos que tuviste, en ese momento, para hacer o no las cosas.

b) Existen dos o tres asuntos que, en ocasiones, te causan gran culpa.

c) Muy pesado. Parece que todo el tiempo estás regañándote a ti misma.

6.- ¿Puedes mencionar, en este momento, las cinco metas más importantes de tu vida?

a) Sí; las tienes bien trazadas.

b) Tendrías que pensarlo.

c) ¿Tantas?

7.- ¿Cuántas veces, en los últimos tres meses, has hecho algo que en realidad no querías hacer?

a) Muchas.

b) Como máximo, cinco.

c) Ninguna.

8.- ¿Cuál de estas tres palabras usaría para describirte la gente que te conoce?

a) Veleta.

b) Persistente.

c) Flexible.

9.- Cuando estás en una lucha interna entre lo que quieres y lo que debes hacer…

a) Decides hacer primero lo que debes, y después lo que quieres.

b) Analizas el asunto con cuidado para ver qué problemas tendrías si haces primero lo que realmente quieres.

c) Cumples tus deseos sin más.

10.- ¿Con qué frecuencia logras sentirte bien contigo misma por tu actitud?

a) No tienes conflictos internos.

b) Frecuentemente te enredas en demasiadas telarañas mentales.

c) Todo el tiempo.

Puntuaciones:

1.- a=1; b=2; c=0.

2.- a=0; b=2; c=1.

3.- a=2; b=0; c=1.

4.- a=0; b=1; c=2.

5.- a=1; b=2; c=0.

6.- a=2; b=1; c=0.

7.- a=0; b=1; c=2.

8.- a=0; b=2; c=1.

9.- a=2; b=1; c=0.

10.- a=1; b=0; c=2.

 TU GRADO DE CONGRUENCIA ES:

DE 0 A 7 PUNTOS: BAJO

Da la impresión de que no te conoces bien o no te sientes lo bastante segura como para actuar de acuerdo con lo que crees y piensas. Por lo tanto, careces de un sentido de dirección: no tienes una idea muy clara de hacia dónde quieres ir, ni de cómo vas a hacer para llegar ahí. No te gustan los conflictos y tiendes a evadirlos, o bien a adaptarte a las circunstancias para no tenerlos, lo cual indica que tampoco te gusta tomar retos que son importantes para tu avance y tu crecimiento espiritual. Harías bien en identificar tus gustos, valores, creencias y principios, trazar tu camino en relación con ellos y seguirlo. Eso le dará estabilidad a tu carácter y elevará tu autoestima. Recuerda que tu paz interior depende de la perfecta concordancia contigo misma.

DE 8 A 14 PUNTOS: REGULAR

En términos generales, eres congruente: procuras actuar de acuerdo con lo que piensas y con lo que sientes. Sin embargo, llegas a contravenir algunos de tus planes o tus costumbres, siendo víctima de conflictos internos. Tiendes a analizar demasiado las cosas y a encontrarles ángulos que te hacen dudar de tus motivos para actuar o reaccionar. Debes tener claros tus objetivos y lo que estás dispuesta a hacer para conseguirlos, así como ser consciente de la persona que eres y de lo que te gustaría cambiar en ti. Un poco más de congruencia no te haría nada mal, sobre todo en cuestiones relevantes; debes tener muy claro que, para ti, la persona más importante del mundo debes ser tú.

DE 15 A 20 PUNTOS: ALTO

Estás satisfecha contigo misma. Eres congruente porque expresas lo que piensas y actúas según tus opiniones. Tus decisiones son muy firmes y sabes cuáles son tus metas y lo que necesitas hacer para alcanzarlas. Esto es muy positivo para tu autoestima, lo que te permite conquistar metas personales. Cuida no caer en la intransigencia y la rigidez. Intenta ser un poco más flexible. Acepta que hay otras formas de hacer las cosas, así como gente que tiene valiosas lecciones para ti. Aceptar las opiniones ajenas no necesariamente implicar ir en contra de tus convicciones.

REFLEXION:

“Cuando se reúne alrededor de la hoguera, conversa con sus compañeros y compañeras. Sabe que sus palabras quedan guardadas en la memoria del Universo, como un atestado de lo que piensa.

Y el guerrero reflexiona: “¿Por qué hablaré tanto, si muchas veces no soy capaz de hacer todo lo que digo?”

Y el corazón responde: “Cuando tú defiendes públicamente tus ideas, debes esforzarte por vivir de acuerdo con ellas”

Y porque piensa que él es lo que habla, el guerrero acaba transformándose en lo que dice.”

Paulo Coelho – “Manual del Guerrero de la Luz

B)     VALOR = ESTRATEGIA (CADA VALOR SE CONVIERTE EN UNA ESTRATEGIA)

Cada Participante se identificara con un valor para desarrollar una estrategia y relacionarla con su vocación misma que presentará al grupo para retroalimentación.

La propuesta educativa será personalizada con su idea de ser maestro y será el contenido del trabajo a realizar que servirá para que mejore su práctica docente y logre la trascendencia personal como profesionista y ser humano.

5.-CON QUE:

Se emplearan proyecciones en Power Point, videos, Lap Top o PC, Tablet, USB, pizarrón y plumones o gises, señalador laser, libreta de trabajo, memorias con contenidos.

6.-CUANDO: HORARIO

7.-DONDE:

De acuerdo a la fecha y los Educadores involucrados se organizara en sus áreas de trabajo o un recinto adaptado para que acudan a el. Sugerimos que el espacio sea un área distinta, para tener otro ambiente que invite a la reflexión y los desvincule de su rutina.

8.-CUANTO:

El programa iniciara del 14 de Septiembre de 2012 hasta el 23 de noviembre 2012

Tendrá una duración de 6 semanas con sesiones en viernes de cada 15 días con una duración de 2 hrs en un horario de 18:00 a 20:00 hrs.

Habrá un colchón didáctico de 20 minutos, distribuidos en 2 tiempos de 10 minutos al inicio o al final de cada hora.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Alanis Huerta A., 2001, El Saber Hacer En La Profesión Docente. Formación Profesional En La Práctica Docente. México. Trillas.
  2. Burguet, M. (1999). El Educador Como Gestor De Conflictos. Bilbao: Desclée De Brouwer.
  3. Clay, Rebecca A. «Molding Effective Teachers».
  4. Colom Y Melich (1994) Después De La Modernidad. Nuevas Filosofías De La Educación. Barcelona: Piados.
  5. Competencia Social. Ponencia Presentada En Las Jornadas De Habilidades Sociales.
  6. Comunidad De Castilla. Valladolid.
  7. Costa, M. (2002). Una Asignatura Pendiente En El Perfil Y Curricula De Los Profesionales: La De Mis Alumnos. Málaga: Aljibe.
  8. Delors, J. (1996). La Educación Encierra Un Tesoro. Madrid: Edit. Santillana. Unesco.
  9. Domenech Delgado, B. (1995). Introducción Al Síndrome “Burnout” En Profesores Y Educación Y Ciencia; Silvia Vaquero (Articulo) Educadores.. Barcelona: Granica.
  10. Estrategias Docentes Para Un  Aprendizaje Significativo “Una Interpretación Constructivista” 2ª Edición Frida Díaz Barriga Arceo, Gerardo Hernández Rojas, Editores  Mc Graw Hill
  11. Frondizi, Risieri, ¿Qué Son Los Valores?, México, Fce, 1995, (Primera Edición, 1958).
  12. García Hoz, Víctor. Cuestiones De Filosofía Individual Y Social De La Educación. Edit. Rialp, Madrid, 1999.
  13. Girard, K; Koch, S.J. (1997). Manual Para Resolución De Conflictos En Las Escuelas.
  14. Goleman, D. (1996). Inteligencia Emocional. Barcelona: Kairós
  15. Hargreaves, A. (1996). Profesorado, Cultura Y Postmodernidad. Madrid: Morata.Caps. I, Ii Y Iii.
  16. Hargreaves, Andy (2005). Profesorado, Cultura Y Postmodernidad: Cambian Los Tiempos, Cambia el Profesorado. (P. Manzano, Trad.) (5ª. Ed.). España: Ediciones
  17. http://jovenestepa.wordpress.com/2007/04/09/los-siete-defectos-pecados-capitales/
  18. http://www.me.gov.ar/monitor/nro8/docentes.htm
  19. http://www.uakix.com/articulos/que-es-la-congruencia.html#ixzz20LGejeA9
  20. Imbernón, F. (Coord.) (1999) La Educación Del Siglo Xxi. Los Retos Del Futuro Inmediato. Barcelona: Graó.
  21. La Educacion Moral Según Lawrence Kohlberg: Una Utopia Realizable
  22. Libro Azul De A.A.
  23. Los Doce Pasos De A.A.
  24. Luca De Tena, C; Rodríguez, R.I; Sureda,I (2001). Programa De Habilidades Sociales
  25. Maestros Su Abordaje Terapéutico. Psicología Educativa, 1 (1), 67-78.
  26. Marcelo Garcia, C. (1995). Constantes Y Desafíos Actuales De La Profesión Docente.  Revista De Educación N° 306, Pp. 205-242.  Madrid.
  27. Monitor In Psychology. Vol. 34, No. 8 (2003)
  28. Morin. E. (1999) Los Siete Saberes Necesarios Para La Educación Del Futuro.  París: Unesco.
  29. Pio Xi. Divini Illius Magistri. Lettera Enciclica Sulla Educazione Cristiana Della Gioventù Vaticano, Roma, 1939
  30. Tenti Fanfani, E. (Coord.) (2006) El Oficio Docente Buenos Aires: Siglo Xxi.
  31. Testimonio Docente “Juan” Presentación De Power Point
  32. Unesco. (1996). Conferencia Internacional De Educación. 45° Reunión. Informe Final. Ginebra.
  33. Unesco. Documentos De Jomtien(1990) Y Dakar (2000).
  34. Unesco/Orealc. (1990). Participación De Las Organizaciones De Docentes En La Calidad De La Educación. Santiago: . S.R.V. Impresos.
  35. Vargas Montoya, Samuel. Ética O Filosofía Moral. Edit. Porrúa, S.A. México, 1996

Brenda Saiden López
Manuel Guillermo Ojeda Jiménez
Rafael Augusto García López
Mérida, Yucatán a 14 de Julio 2102
Maestría en Ciencias de la Familia
ISCF ANAHUAC MAYAB
Anuncios