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Existencialismo: Una perspectiva sobre Kierkegaard

Rafael A. García López

 En el presente ensayo se planteara el origen del existencialismo con una perspectiva personal y tomando como referencia al autor como creador del existencialismo, que surge al contradecir la teoría acuñada desde Sócrates[1] que refiere a la “esencia” como precursora de la existencia, logrando en sus escritos poner en evidencia su vida propia y documentar todo lo contrario: la “existencia precede a la esencia”.

 A mediado del siglo XIX un pensador Danés pone a consideración un pensamiento interesante y novedoso diferente al idealismo Alemán que reinaba en Europa, este propone que la existencia prevalece a la esencia, sin embargo, no fue hasta después de la grandes guerras mundiales que se pone de moda, ya que Kierkegaard era un filósofo que no pertenecía a ninguna universidad ni circulo filosófico que creara una escuela o corriente, sin embargo en el siglo XX los pensadores modernos se interesan por sus escritos y lo hacen vigente.

Uno de los aportes que fundamenta a esta visión del mundo es el método fenomenológico[2] propuesto por Edmund Husserl[3], que consiste en llevar a la conciencia, en estado natural, a ser una conciencia pura que se constituya en darse cuenta[4] de las cosas, de esta manera, el existencialismo logra  sacar a la filosofía de la especulación abstracta para ocuparse del ser humano concreto[5], en su problemática cotidiana, constituyéndose en el principal fundamento de todo un movimiento cultural que involucra a muchas áreas del saber humano: el humanismo contemporáneo[6].

La filosofía clásica hace una distinción entre la esencia y la existencia de los seres.  La esencia responde a lo que el ser es y la existencia enuncia que el ser está.  Por esa razón, los clásicos, desde Aristóteles[7], daban una mayor importancia a la esencia del ser por considerar que ésta era inamovible y eterna y concedían una menor importancia a la existencia, por cuanto que esta respondía sólo a lo aparente.

Es por primera vez que el Danés Sören Aabye Kierkegaard, reconocido por algunos pensadores como filósofo y negado por otros muchos, quien comienza a cuestionarse sobre el ser individual y su existencia.

Para Kierkegaard la existencia individual, con sus opciones y sus vivencias, desdeñada por muchos filósofos por su particularidad, es la que viene a ser la fuente de toda la filosofía y la psicología.

Este primer existencialismo, surge como una oposición contundente a la filosofía idealista trascendental de Hegel[8] que redujo al ser humano concreto, a un momento en el proceso evolutivo y dialéctico de la idea. Kierkegaard al estudiar a Hegel se percata que el ser humano concreto e individual, se perdía y se diluía en la masa.  Esto es, que la especulación filosófica al centrarse únicamente en el pensamiento dejaba de lado los pensamientos, sentimientos, acciones y pasiones concretas de los seres humanos para dedicarse a la reflexión de “lo que se piensa” de “lo que se hace”, de “lo que se dice”, etc., diluyendo así a la persona individual en el plano de la pura reflexión y del puro pensamiento.

Un siglo después de la muerte de Sören Kierkegaard, el filósofo francés Jean-Paul Sartre[9], retoma el existencialismo, lo reformula y lo lleva a constituirse en toda una moda en Europa y el resto del mundo. Kierkegaard propuso una filosofía subjetiva, puramente personal que renuncia a la abstracción, a la objetividad para al encuentro del existente vivo y actuante, concluye que la filosofía debe ser vivencial.

Sartre dice: “la existencia precede a la esencia” esto quiere decir que por ejemplo si un artesano quiere realizar una obra, primero la piensa, la construye en su cabeza: esa prefiguración será la esencia de lo que se construirá, que luego tendrá existencia. Mientras que nosotros, los seres humanos, no fuimos diseñados por alguien, y no tenemos dentro de nosotros algo que nos haga “malos por naturaleza”, o “propensos al bien” como otras corrientes filosóficas y políticas han creído, y siguen sosteniendo. “Nuestra esencia, aquello que nos definirá, es lo que construiremos nosotros mismos mediante nuestros actos”, que son ineludibles: no actuar es un acto en sí mismo, puesto que nuestra libertad no es algo que pueda ser dejado de lado: ser es ser libres en circunstancias, ser es ser-para, ser como proyecto. Es decir, el hombre es lo que hace y no se predefine[10].

Dentro del existencialismo podemos distinguir básicamente tres líneas de pensamiento: por un lado se encuentran los existencialistas creyentes, con una gran influencia Kierkegaardiana entre los que contamos a Karl Jaspers[11], Gabriel Marcel[12] o Miguel de Unamuno[13], de confesada fe cristiana y a Martín Buber[14] de origen Judío, entre los más importantes.  Por otro lado tenemos los de pensamiento existencial agnóstico de Martín Heidegger[15] y, finalmente, el existencialismo ateo de Jean-Paul Sartre, Husserl, Albert Camus[16], Merleau Ponty[17],  etc.

Aún con todas sus diferencias, existen elementos comunes en todos estos pensadores existencialistas.  El rasgo común más importante es, sin duda, que para los existencialistas, la existencia precede a la esencia.  Aunque esta aseveración Kierkegaardiana tiene connotaciones diferentes en cada existencialista, sugiere en términos generales la supremacía de la existencia sobre la esencia.  Es por eso que los filósofos existencialistas conceden tal importancia a la existencia concreta e individual de cada ser humano y es por eso que conceden tal importancia al estudio de todas las actitudes humanas tales como el amor, el odio, la angustia, la indiferencia, etc.

Para los existencialistas, el ser humano no tiene una esencia determinada sino que él define su propio existir, no existe una “naturaleza humana”, sino una condición humana. La diferencia entre naturaleza y condición humanas es que la naturaleza estaría determinada, mientras que la condición depende de nuestras elecciones. El centro de la reflexión es el ser humano concreto, en situación histórica, que elige y configura su esencia en el diario vivir ya que, todos los existencialistas, creen en la dinamicidad de la existencia, esto significa que es el sujeto individual quien despliega y actualiza su esencia precisamente en su modo de vivir, en sus opciones concretas y particulares a través de las cuales experimenta su existencia y la vive de un modo concreto y particular y esto implica que, para los existencialistas, el ser humano es un sujeto vivencial.

Sören Kierkegaard, es el padre del existencialismo y lo pone de manifiesto en sus obras que reflejan la melancolía y la tristeza en la que vivió, y pone de manifiesto sus teorías basadas en las etapas de su vida, donde tuvo la virtud de darse cuenta de sí mismo y reflexionar, de manera que narrar las etapas de su vida hacen consonancia con su filosofía y sus perspectivas, ya que para Kierkegaard en su teoría de los estadios, narra su vida o la toma como base para establecerlas viviéndolas y documentándolas en escritos bajo pseudónimos con la intención de pasar desapercibido. Su filosofía comienza por afirmar que existir es ser cada vez más individuo y menos masa.  Esto quiere decir, obligar a cada individuo a ver su situación existencial y las alternativas a las que se enfrenta; no se trata de que vea sus opciones a nivel del pensamiento sino que a través de cada una de sus elecciones redefina su existencia.  Una filosofía así, no puede ser especulativa sino vivida. Para Kierkegaard ser individuo es salirse de la masa de lo que “se piensa”, para pensar por sí mismo; salirse de lo que “se dice” para decir individualmente.

El ser humano, no nace individuo, sino que deviene en él, mediante un proceso de opciones existenciales en su vida concreta, y no por superación como lo veía Hegel, sino por saltos que se efectúan, no por el pensamiento sino por la voluntad, la responsabilidad y la alternativa.

“Todo hombre, por escasas que sean sus dotes, por inferior que sea su posición en la vida, tiene por naturaleza la necesidad de formarse una visión de la vida, una idea acerca del significado y de la finalidad de la vida” (Kierkegaard, 2007 A,  p. 167)

En 1945 y bajo el pseudónimo de Hilarius Bogbinder, publica un libro que titula  “Estadios en el camino de la vida”. En este libro sostiene que existen tres maneras desde las cuales podemos asumir la existencia.

Estos estadios son: Estético, Ético y Religioso.

El estadio estético

Un estadio estético  se caracteriza porque en él, el sujeto vive en la auto dispersión en el plano de la sensibilidad, siendo sus motores: la sensibilidad, el impulso y la emoción.

Kierkegaard, sin embargo, reconoce que el individuo no vive en un estado de sensibilidad pura y que, instalado en este estadio, hace de su mundo un reino de la imaginación al ser el individuo un esteta de su vida sin principios morales universalizables.

No necesariamente el esteta tiene que transgredir las normas morales, sino que vive al margen de ellos ya que vive por y para la auto dispersión de la sensibilidad y tampoco vive una fe religiosa optada verdaderamente.

En este estadio, existe un profundo deseo de gozar toda experiencia emotiva y sensual y, aunque haya discriminación, éste se encuentra únicamente determinado por la belleza y el gusto.

Este estadio está representado por Don Juan[18] (Don Giovanni de la Ópera de Mozart).  El héroe estético es un héroe musical.  Don Giovanni para Kierkegaard representa la vida, la genialidad, la exasperación de los sentidos y afirma que es por la pasión erótica de la vida que despiertan todas las otras pasiones como el odio, la angustia, la perplejidad, etc.

El texto donde Kierkegaard explica la naturaleza de este estadio es “Lo uno o lo otro: un fragmento de la vida” título que también ha sido traducido como “La alternativa” que publica bajo el seudónimo de Víctor Eremita.  Este texto es una serie de 8 ensayos en los que aclara que para los estetas, el objetivo de la existencia es el gozo, donde sólo se busca y se vive para gozar el placer del instante.

Este estadio está caracterizado por la genialidad sensual, la impaciencia, la pasión.  En el primer ensayo de “O lo uno o lo otro: un fragmento de la vida”, titulado “Etapas eróticas espontáneas” dice que el único medio para describir este estadio es la música.  Kierkegaard encuentra que la descripción perfecta se encuentra en la Ópera Don Giovanni de Mozart.

Esta etapa se correlaciona en su vida con la época que decide conquistar a su amada Regina Ölsen, a la cual, una vez que está en su red, le propone verse a solas en algún lugar solo para ellos (situación escandalosa en esa época) y la deja plantada, pues él pensó que debía hacerlo para darle libertad, pues determino que la etapa estética que ella vivía, le impedirían hacerla crecer y deliberadamente logra alejarla de él con nefastas consecuencias para sí mismo, porque en verdad, era el amor de su vida, esta decisión que toma con responsabilidad, logra posicionarlo en una nueva etapa vivencial.

El estadío ético

Se distingue por la opción.  El sujeto acepta determinados principios y obligaciones morales.  Renuncia a la satisfacción inmediata de los impulsos sexuales y tomándolos como atracción pasajera; decide ceñir su vida a principios universalizables.  Como hemos visto que la filosofía de Kierkegaard es casi totalmente autobiográfica, la descripción del estadio ético la hace a través de una institución ética que expresa la ley universal de la razón: El matrimonio.

En la segunda parte de “O lo uno o lo otro: un fragmento de la vida”, también publicada bajo el seudónimo de Víctor Eremita quien saca a la luz un manuscrito de “B” que contiene un epistolario que dirige a “A” el esteta de la primera parte.  En ella el personaje ético llamado Wilhelm le hace ver a su amigo esteta lo vacía que es su vida y de las bondades y ventajas del matrimonio.

Es en este fragmento en el que Kierkegaard acuña el concepto de elección. A partir de este momento, existir significa elegirse a sí mismo.

Esto quiere decir que mi existencia depende de mis elecciones.  Cada posición que adopto en la vida, tiene sus ventajas y sus desventajas, el asunto es que yo elija una posición.

“El que se elige a sí mismo éticamente se posee a sí mismo como tarea, no como posibilidad, no como juguete para su capricho” (Kierkegaard, 2007 B,  p. 79)

En sus textos, Kierkegaard representa al héroe ético en la figura de Sócrates, héroe trágico que renuncia a sí mismo para expresar lo universal.  Sócrates renuncia a sus intereses particulares a favor de la ley universal.

“El héroe trágico no abandona nunca la esfera de lo ético. Para él cualquier expresión de lo ético, encuentra su telos[19] en  otra expresión más alta de lo ético” (Kierkegaard, 1980 A, p. 127)

Para Kierkegaard, Sócrates es el fundador de la moral, vista a como libertad negativa. Sócrates se separa de su condición individual para hacer valer a la ley universal.  Esto podría hacer suponer que Sócrates renuncia a su individualidad, pero no es así, ya que la inmediatez no es el telos absoluto de la vida.  El aceptar la ley universal lo eleva a la condición de verdadero hombre. La fuerza de Sócrates es la de la reflexión que es lograda por el viaje hacia la comunidad.  Sócrates se sale de las determinaciones emotivas, instintivas, pasionales o volitivas de su ser individual para hacer valer la razón. En un juicio injusto y manipulado, es condenado a muerte.

En el Critón, Platón narra los argumentos a través de los cuales Sócrates renuncia a la idea de escapar de la ley para morir dignamente conforme a sus reflexiones y enseñanzas que enarboló toda su vida.

En este estadio no existe la noción de pecado sino de Ley.  No existe determinada noción de Dios sino la noción de lo universal contenido también en la ley, la moral y la comunidad.  El hombre ético posee debilidades humanas y las considera a partir de los marcos de moralidad.  Es decir, se considera inmoral pero no se cuestiona sus debilidades en su relación con Dios, esto es, no se vive pecador. Y justamente su capacidad de juicio es la que lleva al hombre ético a cobrar conciencia de su culpa y su pecado, lo que lo lleva a la angustia.  La angustia es un estado más individual que le lleva a optar por hacerse plenamente individuo en su relación con Dios.

En este etapa Kierkegaard, toma decisiones que lo hacen un ser individual incluso contra su beneficio personal como cuando se atrevió a criticar a “El Corsario”  (publicación que en Dinamarca se caracterizaban por satirizar y criticar duramente a personajes daneses importantes).

Si Kierkegaard hubiera sido un personaje sencillo, habría disfrutado apaciblemente de las mieles de la fama; sin embargo, a Kierkegaard se le ocurre retar al Corsario diciendo “uno se siente insultado al ser alabado en semejante periódico”.  Y cometió una osadía todavía mayor: Se le ocurrió desenmascarar a uno de los editores anónimos del Corsario, impidiendo con su denuncia, que este personaje obtuviera una cátedra universitaria.  La reacción era de esperarse, El Corsario destrozó a Kierkegaard.  En varias publicaciones satirizaron sus obras, se burlaron de su apariencia física, de su indumentaria, de su estilo de vida y de sus palabras.

Kierkegaard sabía que se lo había ganado a pulso; sin embargo, sensible como era, lo devastó.  Algunos biógrafos se pronuncian por explicarse que esto lo hizo con la finalidad de dar el salto abismal hacia la fe, y hacerse, a través del sufrimiento que esta experiencia le provocó, (porque él sabía que sucedería) un mejor cristiano.

Otros, en cambio, creen que esto lo hizo como una manera de llamar la atención de su amada Regina Ölsen y que ella se percatara cuánto estaba sufriendo.  Sin embargo, si intentaba despertar la piedad de Regina o cautivarla con su dolor fracasó, porque su amada terminó casándose con  Schlegel. Después del casamiento de Regina, Kierkegaard se esconde todavía más en su vida ascética y apartada.  Es la época en la que escribe acerca del estadio religioso.  Envejeció considerablemente a pesar que apenas contaba con cuarenta años.

“El hombre que se auto conoce se torna perplejo sobre sí mismo, y en lugar de alcanzar el conocimiento de sí, llega a la conciencia de pecado…” (Kierkegaard, 2007 C,  p. 63)

Estadio Religioso.

Un estadio religioso caracterizado porque el individuo, al tener conciencia de su pecado y su culpa, decide aceptar dar una salto no sintético sino abismal: aceptar la fe.  A través de este salto abismal, afirma su relación con Dios.

En 1843, habiendo roto definitivamente con Regina Ölsen, Kierkegaard escribe, bajo el seudónimo de Constantino Constantius “La repetición” (La ripresa).  Esta obra es especialmente significativa ya que Kierkegaard la escribe después de las dos más grandes rupturas de su vida.  Por un lado la ruptura de Kierkegaard con la filosofía hegeliana y con cualquier filosofía sistemática y, por otro lado, la terrible ruptura con su amadísima Regina.

Kierkegaard hace de Abraham[20] el héroe de este estadio.   Este héroe es un individuo enteramente religioso, que ha podido dar el salto a la fe; que se ha situado como sujeto individual ante su creador; que ha comprendido y vivido la repetición.

La historia de Abraham empieza con una contradicción:  Dios único y verdadero se le revela y le da la orden de abandonar su tierra y emigrar a una tierra extraña y a cambio, le promete una larga y fuerte descendencia, pero esta promesa es hecha por Dios cuando Abraham y Sarai son ancianos. Tras su obediencia, Dios les concede a su hijo Isaac, pero no termina ahí la historia, pues habiéndolo complacido, le pide su sacrificio y éste lo realiza, claro que Dios se lo impide un instante antes y le ofrece un cordero para el holocausto, y con esto además de cumplir la profecía, cumplen con su individualidad y responsabilidad que Kierkegaard toma como ejemplo.

Abraham sostenido por la fe, creía en que Dios no le exigiría a Isaac, y así realiza la repetición o ripresa. “Pero Abraham creyó; no dudó y creyó en lo absurdo.  Si lo hubiese dudado se habría comportado de distinto modo.” (Kierkegaard, 1980 A,  p. 76)

Cada uno de nosotros encontrará entonces, cómo responde a esa  vocación, a través de la cual, quiera afirmarse como individuo.  Probablemente la respuesta a nuestra misión nos sitúe en un choque existencial entre lo que quisiéramos, estéticamente hablando, o nos provoque un choque existencial entre nuestra respuesta y lo que los demás esperarían de nosotros; sin embargo, desde esta perspectiva, la elección es radical, absoluta.

Además, en este estadio, la respuesta no está determinada por el gusto o por la obediencia sino por el amor a la misión que es, lo que termina por afirmar la individualidad de la persona.

Por esa razón para Kierkegaard la fe es riesgo, incertidumbre.  La fe no es demostrable porque trasciende las posibilidades cognitivas y racionales del sujeto.  No es demostrable pero sus verdades sí traspasan al individuo.

Así pues, Kierkegaard a través de su teoría de los tres estadios y, fundamentalmente a través de su vida, pretende explicar lo que él entiende por existencia.  Existir para Kierkegaard significa elegirse libremente en medio de elecciones libres y responsables entre alternativas y por compromiso propio.

El mismo título de la obra es sumamente sugerente: “O lo uno o lo otro: un fragmento de la vida”.   Para Kierkegaard, el modo como uno vive está en función de lo que elige, porque al elegir va construyendo su proyecto de vida.    Aunque en “O lo uno o lo otro” Kierkegaard reconoce que elegimos en función de lo que preferimos o lo que nos agrada, lo verdaderamente importante de la elección no radica en el contenido de nuestras elecciones sino de la responsabilidad que asumimos respecto a ellas.  Es decir, no tiene gran significado qué elijas, con tal que elijas y que te responsabilices de tus elecciones.

Hegel sostenía que el hombre realiza su verdadera esencia o ser al trascender su particularidad para que se despliegue el espíritu universal.  Kierkegaard iba en sentido completamente inverso: para Kierkegaard un ser humano define su esencia cuando logra trascender lo universal (es decir el pensamiento de las masas) para afirmar su propia subjetividad.

Conclusión:

Para Kierkegaard, las verdades subjetivas son las más importantes porque son fundamento de nuestra existencia.  Para el danés no existen valores “correctos” y por ello, ninguna moral puede tener origen en un hecho objetivo.  En coincidencia con Hume[21], afirma que de los hechos no podemos deducir una moral. La realidad de los hechos es y de ella no se puede derivar un debería. Así, para Kierkegaard, todo individuo es, en cierto sentido, el creador de su propio mundo en función de los valores que elige.

El hombre que se contenta con el papel de espectador del mundo y de la vida y todo lo transforma en una dialéctica de conceptos abstractos, existe, pero no puede decirse que exista en sentido propio, porque desea comprenderlo todo, pero no se compromete con nada.  El individuo existente es el actor y no el espectador.  Se compromete a sí mismo y, de este modo, da sentido y dirección a su vida.  Existe en virtud de un objetivo por el que se esfuerza, escogiendo esto y rechazando aquello.  Toda su filosofía, es un intento de llevar al hombre a ver su situación existencial y las grandes alternativas que enfrenta.

El pensamiento de Kierkegaard, casi en su totalidad autobiográfico constituye un viraje en la historia de la filosofía al  llevar al ser humano, existente concreto a reflexionar acerca de su existir y sus opciones.

Las tres fases  que plantea son un modelo de humanismo referencial en que: La estética, solo se preocupa por satisfacer sus placeres; la ética, en la que el fin es hacerlo todo según las normas morales y lo esencial es elegir una actitud entre lo correcto y lo equivocado y, por último la fase religiosa, donde se eligen la fe ante el placer estético y los deberes de la razón.

Su rescate al existente individual y su colocación en el centro de la reflexión son los elementos esenciales de esta original propuesta filosófica que se inaugura con la frase: la existencia precede a la esencia.

Trabajos citados

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 MVCA Rafael Augusto García López

Mérida, Yucatán a 01 de Marzo 2103

Maestría en Ciencias de la Familia

ISCF ANAHUAC MAYAB

MATERIA: Ética Filosófica

PROFESOR: Lic. En Filosofía

Lorena García Caballero

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%B3crates

[2] La fenomenología se constituye no sólo en un método de análisis de la conciencia, sino en una ontología (Heidegger) que permite desocultar el sentido del ser: aquello que se manifiesta (fenómeno) ante la existencia humana.

[3] http://es.wikipedia.org/wiki/Edmund_Husserl

[4] Un espíritu encarnado (hombre), tiene la potencialidad de darse cuenta que se da cuenta.

[5]  Individuo que ocupa espacio y tiempo, localizado en un lugar y tiempo particular.

[6] Filosofía e intelectualismo que se centra en el hombre en primer plano y la palabra contemporáneo lo ubica en la actualidad o modernidad.

[7] http://es.wikipedia.org/wiki/Arist%C3%B3teles

[8] http://es.wikipedia.org/wiki/Hegel

[9] http://es.wikipedia.org/wiki/Sartre

[10] http://www.loscuentos.net/cuentos/link/366/366817/

[11] http://es.wikipedia.org/wiki/Karl_Jaspers

[12] http://es.wikipedia.org/wiki/Gabriel_Marcel

[13] http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_Unamuno

[14] http://es.wikipedia.org/wiki/Martin_Buber

[15] http://es.wikipedia.org/wiki/Martin_Heidegger

[16] http://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Camus

[17] http://es.wikipedia.org/wiki/Merleau-Ponty

[18] http://es.wikipedia.org/wiki/Don_Giovanni

[19]  “vivir conforme a la naturaleza, es decir, según la virtud” (virtud entendida, en este caso, como sabiduría).

[20] http://es.wikipedia.org/wiki/Abraham

[21] http://es.wikipedia.org/wiki/David_Hume

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